Ignoramos sus principios, ya que los documentos originales no existen; pero seguramente perteneció a alguna familia de mucho dinero ya que esta marca es sinónimo de categoría señorío y lujo.

Se anunció en uno de los periódicos más económicos, sin dirección y con un teléfono que no funcionaba, el interés fue tanto, que se siguió insistiendo, hasta que ¡OH MARAVILLA! un día funcionó.

Nos dieron la dirección de un convento de monjas en tacubaya:

El auto estaba tirado en un baldío dentro de dicho convento y los maíces y plantas salían por todos lados. El precio que pidieron fue de $500.00 pesos (hace 20 años), pero era tal el entusiasmo, que se ofreció todo lo que se tenía, que fueron $300.00 pesos, que rápidamente aceptaron.


Se llevó a un lote de automóviles en la colonia del valle y fui el centro de burla de todos mis amigos. Unos decían que lo había sacado de los tiraderos, pero él más halagador fue el de mi hermano que dijo que lo había sacado del canal del desagüe. Las puyas recibidas, que eran como aguijones, solamente hicieron que nos diéramos con más ahínco a su reparación.

Como dijimos debió pertenecer a personas muy importantes, pero después se adivina pasó a ser vehículo de carga, ya que se le abrió una puerta posterior.

Dejó de funcionar ya que posiblemente con alguna piedra del camino se le rompió el cárter, tiró el aceite y se desbieló. Se bajó el motor, lo desarmamos y como se imaginarán piezas por aquí y por allá, que junte cuidadosamente y lavamos muy bien.
Como los balancines ya no existían, se le adaptaron rodillos de baleros.


También se adaptaron metales al cigüeñal, cadenas de distribución y se mandaron a hacer pistones especiales con un mecánico que también tomó la reconstrucción con mucho entusiasmo y empeño, de tal suerte que hasta la fecha causa admiración, ya que basta oprimir el botón de marcha, para que ande majestuosamente silencioso.

Dejamos el chasis limpiecito; para lo cual, se aplicó arena a presión para desincrustarle todo lo pegado. Las puertas estaban montadas sobre bastidores de madera que a esta fecha ya no servían, para hacer unas nuevas con los restos que quedaban se llamaron a 2 ó 3 carpinteros para que realizaran el trabajo; ninguno lo quiso hacer, e inclusive uno de ellos comentó con el ayudante del hojalatero:

¨esos están locos¨


Uno de los muchachos dijo ¨yo sé algo de carpintería ¨, e inmediatamente improvisamos nuestro carpintero, que con pocos conocimientos pero con mucho entusiasmo poco a poco fue dando forma a las piezas que necesitábamos. Alguien dijo que la madera había que tratarla con ¨creosota¨ como los durmientes de ferrocarril, para que no se apolillara. Se consiguió la creosota, y se aplicó a las piezas.
Ese día llovió y metimos todo en la bodega, y cual sería nuestra sorpresa que salió cuanta rata y ratón había dentro de la misma.


Yo fui uno de los que aplicó la creosota, cuando llegué a mi casa, no me dejaron entrar; tuve que quitarme la ropa en el garage (que misteriosamente desapareció) e irme directamente al baño. Después de 2 horas de remojo, con vigorosos tallados y cambio de agua, salí feliz, sintiéndome limpio. A la mañana siguiente, mi cama y yo olíamos a creosota

Se continuó con el armado. El hojalatero y el pintor eran la misma persona y realizó su trabajo con tanta entrega, que el automóvil quedó perfectamente. Era tanto lo que a estas alturas se quería al auto, que al pintarlo ocupamos 5 galones de pintura; unos días después por lo grueso de ésta, se reventó toda y se tuvo que volver a pintar.

Continuamos con la vestidura, la parte de adelante, fue fácil porque era de piel, no así la parte trasera, que era de paño fino y que nos costó mucho trabajo encontrar algo similar.


Las piezas que faltaban era lo difícil de conseguir: biseles, faros, molduras, emblemas, tapones, manijas, etc...


El club Packard, nos dio tips, pero donde las conseguíamos fue en las ventas de refacciones usadas que se hacen en Estados Unidos en los meses de abril y en el mes más grande de todos que es en Hershey Pennsylvania, que se realiza en el mes de octubre, pero no crean que todo se consiguió en un solo viaje, necesitamos casi 4 años. 


En una ocasión conseguí los hules de las ventanillas de los vidrios delanteros; me pidieron $100.00 dólares por cada una, por supuesto dije que estaban carísimas.

Estuve juntando valor durante los 3 días que duró el evento y en el último momento las compré ya que no los hubiera encontrado en otra parte. Tanto durante el armado, como al conseguir las piezas todos íbamos viendo con asombro poco a poco salir a luz nuestro automóvil.


En esta reconstrucción trabajamos 6 personas; el hojalatero y su ayudante, el mecánico y su ayudante, el improvisado carpintero y el director de la orquesta y ¨Yo¨. Nos tardamos cerca de 2 años, trabajando en ocasiones jornadas de más de 15 horas, aunque como dije las piezas más difíciles nos llevaron casi 4 años.

Todos los que se burlaron y llegaron a verlo quedaban admirados.


A pesar de estar abandonado por mas de 20 años a la intemperie, como algo que no sirve, éste automóvil estaba destinado a recibir muchísimo cariño, primero el de los que participamos en su reconstrucción y después de las parejas que ha llevado al altar, que hasta la fecha son más de doscientas y que su buena estrella seguramente aumentará, de hecho se le conoce con el nombre de Lic. Próspero Olivares Sosa, ilustre abogado famoso en años pasados por la cantidad de matrimonios que realizó, sin querer en ningún momento ofender su memoria.

Por Arturo Pérez Gutiérrez.